Los que Ofrendaron su Vida
El "Gandhi mexicano". Líder civil de la Liga. Torturado y fusilado en Guadalajara.
El "niño cristero". Torturado y asesinado a los 14 años. Canonizado en 2000.
Ahorcado de un árbol de mango. Sus últimas palabras: "Suba, suba. En el cielo lo veré."
Comandante militar cristero. Agnóstico que murió creyente en combate, semanas antes de los arreglos.
Los 25 Mártires Canonizados
El 21 de mayo de 2000, en la Basílica de San Pedro, el papa Juan Pablo II canonizó a Cristóbal Magallanes y a otros veinticuatro sacerdotes y laicos mexicanos asesinados en distintas regiones del país durante la persecución religiosa de 1915 a 1937. Junto a ellos, la Iglesia honra también al beato Miguel Pro, jesuita fusilado en 1927 y beatificado por el mismo Juan Pablo II en 1988: no forma parte de los 25 canonizados en el año 2000, pero se le incluye aquí como otro mártir beatificado de la misma guerra cristera.
Sorprendido de madrugada por una tropa en Tequila, murió por los disparos recibidos mientras dormía. Hoy es venerado como patrono de los migrantes.
Fusilado sin juicio por el gobierno de Calles; extendió los brazos en cruz y murió gritando "¡Viva Cristo Rey!".
Auxiliaba a heridos en un enfrentamiento armado en Guadalajara cuando fue detenido sin proceso y fusilado junto al panteón de Belén.
Laico de Acción Católica; fue arrestado en su casa y fusilado junto a tres compañeros de apostolado en Chalchihuites.
Párroco fusilado junto a tres laicos; al no lograr salvar a uno de ellos le dijo como despedida: "Hasta el cielo."
Padre de familia y catequista; el Pbro. Batis intentó salvarlo recordando que dejaba esposa e hijos, sin éxito.
El más joven del grupo de Chalchihuites; fue fusilado junto a sus tres compañeros por negarse a renunciar a su fe.
Ahorcado de un árbol tras negarse a huir de sus captores; perdonó a sus verdugos momentos antes de morir.
Fusilado por negarse a revelar ante un general federal lo que unos prisioneros le habían confiado en confesión.
Párroco torturado durante varios días antes de ser fusilado; su cuerpo fue abandonado cerca de su parroquia.
Antes de morir bendijo y perdonó a los soldados que lo fusilaron, y repartió entre ellos sus objetos personales.
Torturado durante tres días —le quemaron las manos consagradas— antes de ser fusilado en el panteón de Tototlán.
Detenido casi a los setenta años, fue obligado a caminar descalzo hasta Yahualica, donde fue fusilado en el cementerio.
Fusilado junto al seminarista Caloca; perdonó a sus verdugos y pidió que su sangre sirviera para la paz de México.
Seminarista y colaborador del Pbro. Magallanes; fue fusilado junto a él el mismo día en Colotlán.
Sobrevivió a un intento de ahorcamiento y de fusilamiento antes de morir a manos de sus captores en el panteón de Zapotlanejo.
Fundador de una congregación religiosa; fue ahorcado en lo alto de la sierra de Quila al ser aprehendido mientras se disponía a celebrar misa.
Aprehendido cuando huía hacia la sierra; fue fusilado dentro de un cuartel militar en Colima mientras rezaba el rosario.
Ahorcado de un árbol de mango; sus últimas palabras fueron: "Suba, suba. En el cielo lo veré."
Se negó a que le vendaran los ojos y recibió los disparos del pelotón con los brazos extendidos en forma de cruz.
De camino a su fusilamiento animó a un niño a no abandonar el catecismo; fue ejecutado a las afueras de Teocaltitán.
Fue descubierto al salir de misa ocultando el copón bajo su tilma; los soldados lo reconocieron y lo fusilaron ese mismo día.
Vicario parroquial; murió acribillado en su habitación minutos después que su párroco, el Pbro. Orona, en el mismo asalto.
Sorprendido de madrugada por tropas federales en Cuquío, abrió la puerta gritando "¡Viva Cristo Rey!" y cayó al instante bajo las balas.
Descubierto mientras oficiaba una boda clandestina; bendijo la soga con la que sería ahorcado horas después.
Detenido y golpeado brutalmente en Santa Isabel, Chihuahua; murió al día siguiente a causa de las heridas recibidas.